EXTRA 2: Córdoba 2010


Ver Champaquí (corriendo) 2010 en un mapa ampliado

Cerro Champaquí

Distancia recorrida: 30 kmts.

Esta segunda travesía representó un desafío mayor. Quizá hasta mayor que la de Misiones, dado el riesgo implicado. La idea era ascender corriendo al cerro Champaquí, el punto más alto de la Provincia de Córdoba, desde el pueblo de Villa Alpina, y regresar a la misma en el mismo día (en la que me habían informado que había un hospedaje donde pasar la noche). Luego debería regresar hasta la ruta y tomarme un micro hacia Villa General Belgrano.

El día 15 de marzo me levanté temprano, desayuné y puse en mi mochila algunas pocas cosas; un buzo, la cámara, el celular, el MP3 y una botellita de agua de mano. Mi padre me alcanzó en auto hasta Villa Alpina y a las 10 de la mañana estaba comenzando mi ascenso. El primer kilómetro consistió en atravesar un bosque de tala de pinos. Luego el sendero siguió la piedra, bordeando precipicios, cruzando cauces de agua e internándose entre gigantescas piedras. En el camino me crucé algunas personas que subían; baqueanos con provisiones, y otros viajeros, aunque pocos. El primer refugio lo alcancé a las 13 hs., luego de haber corrido 6 kmts.

Desoladas planicies

Continué otros 5 kmts. hasta el segundo refugio, que se encuentra cruzando el río Los Plumerillos, que uno debe vadear saltando sobre las piedras. Ahí compré una lata de duraznos que me sirvió de almuerzo, y me informé sobre el sendero que me llevara a la cima del cerro. La señora que allí atendía me dijo que tome un camino alternativo, mucho más bello, aunque más largo. Para alcanzarlo debía seguir al río hasta un arroyo que se unía a este. Como no estaba muy seguro de cuál de todos los arroyos que fui encontrando era, pregunté en la escuelita rural del lugar cómo seguir. Me dieron las indicaciones y continué. Pronto me encontré en un callejón sin salida ante un precipicio que daba a una cascada y no me permitía bordear o seguir. Tuve que desandar lo recorrido 20 minutos, lo que me hizo perder 40. Esto siguió sucediendo un par de veces más, ya que es fácil extraviarse en tal laberinto de piedra, sin carteles, indicaciones o personas que consultar. Tan sólo hay unos mojones de piedra apilada cada tanto que sirven de guía, pero no siempre se ven. Recién a las 18 horas llegué a la cima, totalmente agotado, y con la ropa mojada de transpiración y de haber cruzado cauces de agua. El sol comenzaba a bajar y el frío se hacía notar. Si no encontraba la forma de regresar rápido al refugio debía buscarme alguna cueva donde protegerme del viento. Me di cuenta lo mal que había hecho en no llevar siquiera un encendedor para prender un fuego y secar mis ropas.

En la cima del cerro

La suerte estuvo de mi lado al ver a un par de tipos dando vueltas en la cima, con los que me puse a charlar y pronto me ofrecieron algo de comer, me convidaron mate y prendieron un fuego donde me sequé. Armaron su carpa y para mi sorpresa me invitaron a pasar la noche dentro (yo pensaba pasarla tirado al lado de la hoguera). Si bien el frío extremo y los ronquidos me impidieron dormir bien, se me hizo evidente que afuera la noche era mucho peor, al notar los vientos intensos que golpeaban la tela de la carpa. Pensé que hubiera sido probable morir de hipotermia o al menos haberme enfermado. Lo cierto es que la habría pasado horrible esa noche de no ser por estos muchachos, con los cuales al día siguiente bajamos juntos, me dieron mate y pan de desayuno y me alcanzaron con su auto hasta Los Reartes. En agradecimiento les pagué un almuerzo allí a los dos, y yo también comí. Mis padres me fueron a buscar más tarde al pueblo.

Bajando del cerro en una mañana despejada

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